Solo en una oportunidad acepte arrojar las monedas del I Ching, un poco por cortesía con quien me encontraba en ese momento; pero decididamente por lo que me encontré en la primera hoja del libro: el poema de Borges que encabeza este blog. El I ching o libro de las mutaciones es un libro oracular, enigmático, y supone un universo regido por el principio del cambio. No me quedó ni un recuerdo de aquellos oscuros párrafos que me leyeron del libro y que resultaron señalados como efecto de una extraña combinatoria de tres monedas arrojadas. Pero el título del capítulo leído se enlazo con algo: "El andariego" y he aquí el encabezamiento de estas notas escritas en viaje. Las entradas están ordenadas por país y en orden cronológico. En el cuerpo central están los escritos realizados a medida que se avanza en el camino. A izquierda fotos del lugar, curiosidades, sucesos del viaje y anécdotas. Las páginas están ordenados por país de algunos de los cuales solo hay registro fotográfico.
Orcha
La parada "obligada" en Jansi para comprar el pasaje a la playa se vuelve larga. Aquí, en la estación no hay oficina para turistas, solo largas filas, muy largas, en cada ventanilla. Apurados pasajeros buscan su boleto, en pocos segundos dejan lugar al siguiente en la fila, que siempre observa con detenimiento y algo de apuro (las ubicaciones son pocas) la espera de su turno. La compra es a la inexplicable costumbre india, se completa el formulario con datos como "dirección" Nro de tren (¿?) nombre y apellido etc. Tras dos intentos fallidos, la expresión de abatimiento puede mas y el siempre dispuesto jefe de estación extiende el pasaje…pero tres días después de lo pedido.
Jansi no ha sido muy anfitriona, no hay baño que no esté inundado, o que se necesite una mascarilla para entrar; la ciudad se vuelve pesada y expulsiva. A pocos kilómetros está Orcha, sin preguntar mucho ni regatear se vuelve un inesperado destino.
Solo unos pocos kilómetros separan la india asfixiante de la India increíble. Orcha fue capital de una de las tantas culturas desaparecidas hace cientos de años; se pierde la cuenta de los reyes y guerras que aquí hubieron. Quedó un pequeña población, un gran fuerte, un importante templo de gran devoción en honor a la diosa de la lluvia y mucha paz. Es decir, el lugar ideal para esperar 3 dias la llegada del tren a Goa.
Como uno de los tantos lugares de devoción, por orcha deambulan acetas, peregrinos, visitantes, vendedores ocasionales y por supuesto vacas; el pequeño pueblo de pocas calles, pocos restaurantes y poca cerveza prefiere no alterar su costumbres con el paso del tiempo. A las 10 de la noche las calles se vacían y las vacas mandan, solo queda abierto un bar que con sus mesas en la calle y sus luces (es casi la única iluminación pública) hace de refugio a los pocos turistas a los que, el silencio reinante alrededor, rápidamente nos manda a dormir.