Solo en una oportunidad acepte arrojar las monedas del I Ching, un poco por cortesía con quien me encontraba en ese momento; pero decididamente por lo que me encontré en la primera hoja del libro: el poema de Borges que encabeza este blog. El I ching o libro de las mutaciones es un libro oracular, enigmático, y supone un universo regido por el principio del cambio. No me quedó ni un recuerdo de aquellos oscuros párrafos que me leyeron del libro y que resultaron señalados como efecto de una extraña combinatoria de tres monedas arrojadas. Pero el título del capítulo leído se enlazo con algo: "El andariego" y he aquí el encabezamiento de estas notas escritas en viaje. Las entradas están ordenadas por país y en orden cronológico. En el cuerpo central están los escritos realizados a medida que se avanza en el camino. A izquierda fotos del lugar, curiosidades, sucesos del viaje y anécdotas. Las páginas están ordenados por país de algunos de los cuales solo hay registro fotográfico.
Mussoorie
De haridwar el camino sigue al norte A Mossorie, todavía la influencia Tibetana, características de ciertas zonas del norte de India en especial en Ladak lugar de residencia del Dalai Lama no se siente. La pequeña ciudad de 15000 habitantes se encuentra desparramada sobre la montñaia; aquello que a muchas ciudades de india es en concentración, Mussorie lo es en extensión. Cambia India, no hay multitudes, hace frio, menor presencia religiosa y mas vida de montaña.
Durante el Raj británico, los años de la administración inglesa en estas tierras, el agobiante verano espantaba a los blancos ingleses a las frescas montañas. Al Igual que Simla, (relatado hace ya un tiempo) se puede ver la estructura inglesa intacta y funcionando, y a los habitantes como si todavía vivieran en el Raj. No hay papeles en el piso, ni basura acumulada, y muy pocas vacas! ! Las calles tienen cestos en los que prolijamente arrojan lo que no necesitan,… no parece India.
Mussorie, se estira en la ladera de la montaña. Es una muy pequeña ciudad a lo largo de unos pocos kilómetros robados a la ladera que crea un paisaje de un colorido no habitual en India, evidentemente ha tomado la esencia inglesa. Prima el verde de los árboles y el gris de la roca, las casas quedan escondidas y sus habitantes, a excepción de los visitantes, se cubren con mantas oscuras para defenderse del frio. No hay rojo ni amarillo, hay sacos y pantalones oscuros, las mujeres de azul o negro.
Las casas miran al valle en un espacio reducido y muy bien aprovechado, una calle central que por momentos de desdobla es todo el espacio para circular. Cada extremo de la calle principal y única, funciona como terminal del micro. Antes de subir el conductor aclara donde va a terminar su recorrido, de todas maneras al bajar, y para no perder algo de la costumbre india, los rickshow aparecen con sus bicicletas ofreciendo cruzar al otro extremo del pueblo.
Cuesta arriba de la montaña, no muy lejos de las luces, templos, pobladores cargando leña y de nuevo india.